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Los versos satánicos. Salman Rushdie

Cuando a finales de los ochenta oí hablar del revuelo originado por este libro, así como la fatwa dictada por el Ayatolá Jomeini poniendo precio a la cabeza del escritor, pensé que Salman había escrito un ensayo, y no una novela, en el que ponía de manifiesto aspectos de carácter científico histórico en torno a las religiones orientales, a partir de esa sección de Los Versos satánicos coránicos, como quien pueda hacerlo a raíz del manuscrito de Nag Hammadi incluido dentro de los llamados Evangelios apócrifos respecto a las iglesias cristianas.

Sin embargo, es una novela, pura ficción aderezada con buen humor, en ocasiones con historias colaterales que de no estar incluidas tampoco pasa nada y el lector se perdería menos en este laberinto imaginativo donde Rushdie despliega fantasía a doquier. 

Esto hace suponer que libros debieron venderse muchos pero que una gran mayoría de lecturas iniciadas quedaron con el marcador derretido entre las páginas, pues no es fácil seguir la estela de los dos únicos supervivientes de origen hindú a la explosión de un avión cerca de las costas inglesas entre sus sentimientos de pertenencia al grupo de migrantes. Ni ellos se encuentran a gusto en el país de destino, ni los nativos ni los hindúes ingleses los aceptan en demasía, al tiempo que en su país de origen les ocurre otro tanto al verlos regresar mientras se vertebran sus evoluciones como arcángel uno y diablo el otro con otras historias entre las que se encuentra la de Mahoma (Mahound en el libro), su exilio y su eventual regreso triunfante a La Meca preislámica y politeísta (Jahilia en la novela).

Desde este lado de la orilla tanto revuelo pareciera desmesurado pero hemos de reconocer que también en nuestros mares, por causas igualmente nobles,  nadan fundamentalistas del Madrid ni tocarlo, del eso ni nombrarlo que es més que un club o del con eso me faltas al respeto que con la Virgen del Carmen no se juega que es mi madre. 

El gran Meaulnes. Alain Fournier

Meaulnes es un joven que llega a un pequeño pueblo francés cuando contaba diecisiete años y revoluciona el aula del colegio al que asiste. En esa aula se encuentra quien será su mejor amigo y quien se convertirá en el narrador de esta historia. Es una de esas historias de iniciación, propias de la pubertad, pubertad de inicios del siglo XX, con sus aventuras y peleas entre alumnos y la apertura al amor. Realmente no pareciera que la historia diera para más si no fuese por cómo es relatada y vivida por quien escribe los acontecimientos, lo que la hace próxima al lector en cuanto a lo sentido por los dos protagonistas, a pesar de que sus avatares estén tan lejos en el modelo de vivencias por las que transcurre la pubertad de los alumnos actuales. Eso se debe a que, con sus matices, la historia contada es la real, la vivida por el escritor, quien murió demasiado joven, a los veintiocho años, en la primera guerra mundial, dejándonos El Gran Meaulnes como su única obra escrita.

Descolonizar la mente. Ngũgĩ Wa Thiong´o

El uso del lenguaje en un continente repartido en 1885 a escuadra y cartabón a partir de la Conferencia de Berlín es el tema central de las cuatro conferencias recogidas en este libro. Thiong´o, escritor, pensador, humanista, exiliado y aspirante a nobel de literatura expone las razones que le llevaron, allá por 1980, a dejar de escribir en inglés para hacerlo en gikuyu como su principal herramienta de creación literaria y concienciación en torno a la colonización europea, más allá de la imposición de los modelos económicos y religiosos en el continente. El reparto de un continente en franjas anglo-franco-lusas, con reductos alemanes, italianos y españoles, favorecieron el desarrollo de niños bilingües que al mismo tiempo lo eran bi culturales y bi religiosos en unas condiciones no paritarias. Su lectura ayuda a entender el papel de la lengua en la construcción de la identidad nacional, cultural, social e histórica de un país.

Fábulas feroces, cuentos inquietantes. Ambrose Bierce

Las Fábulas son las unas feroces y las otras no tanto. Sin embargo los cuentos inquietan bien poco. No por ello pierde entretenimiento la lectura de quien logra, a través de animales de todo tipo así como de seres humanos, escandalizar la moralidad de una ciudad en auge como la de San Francisco de finales del siglo XIX, usando un macabro sarcasmo para hacer entender que las relaciones entre las personas en función de los sectores de poder que ostentan toman en ocasiones vericuetos que solo en la fábula adquieren su máxima expresión, y pueden hacernos entender cuán ridículos quedamos ante los animales.

Maus. Art Spiegelman

Maus, aún siendo un cómic en el que los judíos están representados por ratones y los nazis por gatos, nada tiene que ver con la historia de un niño con pijamas a rayas que deja un sabor de inocencia a un lado y otro de la alambrada. Esta es una historia real que a través de texto y viñetas enseña el confinamiento de los judíos polacos desde que son hechos visibles al portar el identificativo bien claro en sus abrigos. Pasa por su reclusión en barrios de las ciudades de los que no pueden salir para acabar escondidos en dobles fondos de carboneras, basureros y sótanos hasta que eran deportados a campos de concentración como el de Auschwitz del que solo escapaban por la chimenea de los hornos crematorios al ser transformados en humo.
Lo cuenta un testigo que vivió como una rata, y lo hace sin acritud, sin rencor, sin añadir odio, solo lo cuenta, lo cual ya es más que suficiente. Y lo hace a su hijo, el ilustrador y guionista del libro, mientras en la casa cuenta los clavos, las cerillas, aprovecha la bolsa del té, canjea la comida que no va a usar, en su doble condición de comerciante judío y judío que vivió al borde de la muerte y sabe el significado de esas medias raciones de pan que tuvo que esconder para poder canjearlas por alguna mejora que le ayudara a sobrevivir.

El progreso del amor. Alice Munro

Alice Munro

El progreso del amor ha sido eso, el progreso del amor hacia lectura de esta escritora. Si bien, en el leído anteriormente, demasiada felicidad, me costó algo disfrutar de la misma, de la felicidad y de la autora, en esta ocasión el progreso ha sido notable. Ya no me cuesta tanto seguir los lazos de parentesco entre los personajes que aparecen en sus cuentos ni situar geográficamente los cambios de domicilio de las familias, siendo más sencillo entender su forma de fraccionar literariamente las historias vitales de quienes aparecen en sus relatos. Historias que por otra parte no son nada del otro mundo a las que Munro aporta toques íntimos, de esos que todos pensamos en la conversaciones en nuestra vida diaria, pero que no nos atrevemos a decir porque pueden sentar mal, porque entendemos serían mal educados, y que acaban por provocar un giro real en las relaciones interpersonales pues son las que realmente importan.

El crimen del padre Amaro. Jose Mª Eça de Queirós

Para quienes heredamos los últimos vestigios de aquella iglesia decimonónica, El crimen del padre Amaro se convierte en un recordatorio de algunas frases en latín, de las reverencias a la clase sacerdotal, de los besos al trozo de cinto de cuero negro que le colgaba entre las piernas, del tañido de la campanilla cuando por la calle caminaban diligentes a dar la extremaunción. No es Amaro la mejor imagen para una institución que defiende las buenas costumbres sino la de esa doble moral, a la que también en la actualidad, el comportamiento de algunos de sus servidores se ha hecho acreedor. La confrontación entre las fuerzas del espíritu y de la carne son tratadas de forma magistral por Queirós en esta novela realista en la que aprovecha los amoríos de un cura de provincias para descarnar toda la hipocresía que engola al clero convirtiendo a Amaro no en víctima sino en autor del crimen.

Matar a un ruiseñor. Harper Lee

1935. Alabama. Estado algodonero y esclavista. Un abogado defiende a un negro acusado de posible violación a una mujer blanca. A partir de este encuadre es sencillo imaginar los problemas en torno a la posición del abogado defensor, de su familia, del pueblo y de cómo pueden ir oscilando los acontecimientos alrededor del caso. Se hace todo tan sencillo que la lectura fluye sin darnos cuenta que de pronto estamos metidos en el pueblo de Maycomb, sus calles, sus distintas comunidades religiosas, su comunidad negra, la cárcel y el tribunal. Lo complica todo, y de forma maravillosa, Jean Louise, quien toma las riendas de la narración y con su voz aporta la sinceridad y sencillez de una niña para llevar al lector a entender una época dictatorial estructurada en función del color de la piel.

La náusea. Jean-Paul Sartre

«Este gusto a queso en la boca… Entonces, ¿Esto, esta cegadora evidencia es La Náusea? Eso es todo. Pero me da lo mismo. Es extraño que todo me dé le lo mismo: me espanta. Desde el famoso día en que quise jugar a las cabrillas. Iba a arrojar aquel guijarro, lo miré y entonces empezó todo: sentí que el guijarro existía. Y después de esto hubo otras Náuseas; de vez en cuando los objetos se ponen a existir en la mano»

Así es la lectura de este libro. Un regusto en la boca por dejarlo a un lado junto a una catarsis nauseabunda que obliga a seguir su existencia.

Viaje con Heródoto. Ryszard Kapuscinski

Con Ryszard se identificaron muchos periodistas de la segunda mitad del siglo pasado. Desconozco la calidad de su actividad en este sector la cual no le debió ser fácil ya que desde los 60 se pasó el hombre recorriendo medio mundo como corresponsal polaco allá donde hubiese conflicto sin más idioma que el polaco y el de los gestos. Esta particularidad le facilitó vivir muchos movimientos sociales así como el nacimiento de las más variadas dictaduras militares en países recién emancipados de su pasado colonialista.

Hace tiempo leí del mismo autor: Ébano. Crónicas a modo de relatos que recorren África mostrando la crudeza y belleza de los nuevos regímenes de países previamente ocupados por europeos. 

En este libro realiza un doble viaje. Por una parte relata lo vivido en las naciones visitadas (India, China, Irán, Egipto, Libia, Congo, Senegal, Tanzania, entre otras) con esa peculiar maestría para aprovechar el incidente sociopolítico que le ha llevado hasta allí y contarnos las raíces sociales del mismo, la forma de ser de las gentes, los peligros y comodidades que aporta el ser de piel blanca. A su vez, de viaje, se lleva entre otros libros de lectura “Historia” de Heródoto cuyos tomos va desmenuzando en cuanto narrador de la expansión del imperio persa con sus batallas perdidas al norte contra los escitas, al igual que Napoleón y Hitler, debido a la incapacidad de maniobra de sus ejércitos en la fría estepa y el hundimiento de su flota en la batalla de las Termópilas y Salamina.

Una pena que ambos no estuvieran amparados por las tecnologías actuales pues serían referentes para los blogueros de la Red.